Sin mí, no existirías


Es irremediable, siempre me atrapa.

Huyo de ella como condenada a pena de muerte, pero no hay manera.

Me sigue los pasos y me agarra por detrás cuando creo haberme librado de ella.

Cuando intuye mi camino, se me adelanta y me sorprende de un sobresalto.

Camina de lado cuando intento no hacerle caso.

Crece conforme me hago más pequeña. Y si me hago más fuerte y la aparto, vuelve bajo falsa apariencia.

Me engaña poniéndose la máscara de una amiga y yo, sin saberlo, la acepto.

Otra veces se me presenta como esperanza y en cuanto le doy un abrazo, rompe su cascarón y saca a la luz su naturaleza.

Me agobia con su casi constante presencia y cuando no puedo más, le digo, cansada: «Vale, estás aquí, habrá que darte tiempo…pero no me asfixies, que sin mí no existirías, Tristeza».


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