Érase una vez un señor muy muy rico, que vivía en un palacio y escondía su riqueza en un cofre de oro en las montañas. Este señor tenía amigos ricos y poderosos, casi tanto como él. Todo eran fiestas y lujo, pero el señor estaba triste, porque deseaba más poder y más riqueza. A dicho señor le ofendía tener que pagar impuestos al Rey y su pueblo. «¿Por qué he de compartir mi dinero con el resto?»– se preguntaba. Sus amigos le daban la razón, y juntos, han elaborado plan para acabar con hegemonía del Rey.
El plan era largo y enrevesado. «Debemos ser nosotros los que gestionamos nuestras arcas, pero no podemos ir contra Rey sin un ejército», – decían. «Lo mejor será convertir a todos los habitantes en guerreros, que luchen ellos», – pensaron. Pero sin una varita mágica no podían conseguirlo al momento. ¡Paciencia!
Lo primero era engañar a los habitantes. Cuando Rey les mandaba dinero para que pudieran construir hospitales o mejorar carreteras, el señor y sus amigos escondían una parte. Luego empezaron a esconder el 3%, IVA incluido, de lo que ganaban habitantes. “La culpa es del Rey”– decían para desviar sospechas.
Los habitantes de dividieron, unos se creían el engaño del señor, llamémosles ‘pueblerinos‘, otros siguieron convencidos que todos sus logros se debían a unidad de todo el pueblo compuesto por 17 aldeas. Y su amada aldea empezaba a fracturarse debido a avaricia del señor.
“Otros aldeanos, cómplices del Rey nos roban”, – empezaron a decir pueblerinos. El señor añadía que otras aldeas son más pobres y no tienen remedio debido a su ignorancia. Los rumores se expandían como la pólvora. Algunos pueblerinos los creyeron de verdad, otros vieron oportunidad de crecer económicamente y en sus posiciones. “No somos como otros aldeanos”, – decían. “Somos más honestos, ricos, inteligentes y guapos. Y nuestra lengua es la madre de todas las lenguas. Tenemos Parlament desde la Prehistoria. Nos tienen envidia y nos roban descaradamente. Debemos separarnos de estos tontos y ladrones”.
Algunos habitantes de otras aldeas que migraban a tierras de dicho señor eran tontos de verdad, y en su esfuerzo por demostrar lo contrario se hacían sirvientes suyos. Los pueblerinos de toda la vida y los recién llegados aceptaron educar a sus hijos como el señor quería.
El señor y sus amigos miraban satisfechos como crecían sus seguidores y admiradores. Un día, los que custodiaban arcas del Rey se han dado cuenta del engaño de señor, y aunque acabó perdiendo gran parte de admiradores, no perdió seguidores, puesto que los tontos seguían siendo tontos, los familiares suyos y de sus amigos seguían siendo ricos y queriendo gestionar dinero de los aldeanos. Al fin y al cabo, todo es lucha por el dinero y poder. Y se desató guerra fría entre pueblerinos, aldeanos y otros aldeanos, se separaron las familias y se perdieron los amigos.
Y lideraba a nuevos y muy enfadados pueblerinos un nuevo señor que quería ser Rey. A su servicio estaban unos consellers algo cobardes, un bufón bastante rufián, un hombre con evidente superioridad genética, un jefe de mozos y un par de pacíficos y simpáticos delincuentes de poca monta que solo sabían destrozar propiedades.
El nuevo señor y sus cómplices seguían el camino del anterior señor desviando parte del dinero de toda la aldea para su propia propaganda e intereses. Toda la aldea bajo su mandato se había empobrecido, así que el nuevo señor y sus secuaces han sido acusados de traición y juzgados.
Cuando todos los responsables han sido encarcelados y los pueblerinos reeducados, se acabó la discordia y todos vivieron felices y comieron perdices.
FIN
6 respuestas a “Realidad hecha cuento”
😂😂😂😂😂 Me ha encantado!!!!
Gracias 😉
Jajaja que bueno!!arriesgado para un primer post, pero muy bueno y con toque de humor!!
Gracias 😜
Jajaajaj
¡Me ha gustado mucho!
Derrocha humor mordaz e inteligente
Un buen estreno, veliente por la temática elegida como dice Tamait, pero muy conseguido
¡Te sigo de cerca!
besotes
¡¡Muchas gracias!! Me alegra que este cuento tenga buena acogida 😉