I
El cuerpo sin vida de una joven de 17 años fue hallado en su domicilio en el antiguo granero, actualmente en obras para convertirse en casa de invitados. La muerte se ha producido por el estrangulamiento. De momento, no ha trascendido a los medios si se podría tratar de otro caso de violencia machista. En el lugar del crimen no se han encontrado indicios de lucha ni restos biológicos en el cuerpo de la joven. La última persona en verla con vida fue su mejor amiga, que se ha negado a hablar con las autoridades, psicólogos o, incluso, con su propia fami…
Apagué las tele. Tenía que salir a mi cita con Sonia, amiga de la chica asesinada. Soy Alicia Moreno y me dedico a escuchar las historias de gente a la que nadie cree. De hecho, a mí tampoco me creen, me acusan constantemente de ser un fraude, de manipular la realidad, de dar voz a “la gente emocionalmente inestable o que solo busca protagonismo”. ¿Por qué? No soy mística como insinúan algunos, simplemente no soy tan arrogante como para pretender justificarlo todo con lógica. Existen cosas que se nos escapan, que la ciencia aún no ha sabido explicar y no me da vergüenza reconocerlo.
Todos sabemos cómo vuela un helicóptero y que no hay nada demoníaco en su funcionamiento, pero no debió de pensar así la tribu Sentinel cuando lo recibió con piedras y flechas. “Son gente ignorante”, dirán. Por supuesto. No conocen la tecnología ni nada de nuestro mundo porque no salen del suyo. Igual también es una forma de ignorancia, a pesar de títulos universitarios y grados del doctorado, no salir de un mundo de lógica y negar existencia de cualquier cosa sólo porque no la has visto y no has sabido encajar en teorías puramente científicas.
Yo no he visto un fantasma, un yeti o un alienígena. Sin embargo, le doy voz y derecho a ser escuchadas a las personas que afirman que sí. Y luego que cada uno piense lo que quiera, que para ello somos gente civilizada, para escuchar, respetar y sacar sus propias conclusiones sin sentirse superior a nadie.
II
La puerta me abrió la madre de Sonia. Podía notar terror, sufrimiento y restos de insomnio en su cara. Debe de ser difícil enterarse de la prematura y violenta muerte de la mejor amiga de tu hija, que tu hija sea la única testigo y que se niegue a hablar, que mientras das pésame a los familiares desconsolados, piensas, inevitablemente, “no ha sido la mía” … Esta sensación de culpa por estar rota de dolor y aliviada al mismo tiempo… Estoy segura que la culpa es lo que más nos duele y lo de que más nos cuesta librarse.
– Oh, muchas gracias por venir, por su pronta respuesta. Mi hija la admira. Voy a salir para dejaros a solas, que se sienta más segura, que hable… No es mi hija, no es ella, tan asustada, encerrada en sí misma, – añadió la mujer, mientras las lágrimas empezaban a nublar sus ojos.
En cuanto salió del piso, se abrió la puerta de una de las habitaciones. Se asomo la cabeza de una chica de pelo rizado. Al verme, salió corriendo y me abrazó. Al momento me sentí abrumada con su gesto, fue la primera vez que alguien reaccionaba así a mi, digamos, aparición.
– Sonia, ¿no? – dije yo, apartándola suavemente por los hombros, más que nada para detener mis ganas de llorar.
– Veo todos sus programas, – esbozó ella una sonrisa.
Nos sentamos en el sofá y le pregunté si podía grabar nuestra conversación. Titubeó.
– Verá… No he querido ir al plató porque no se trata de salir en televisión, de contar una historia increíble o convertir toda mi vida en un revuelo mediático. A la policía no he querido contar nada porque no puedo mentir, y la verdad es… ya verá cuando le cuente. Me han ofrecido dos psicólogos forenses a elegir, un hombre y una mujer, por si tenía alguna preferencia, pero es más de lo mismo: si les contara la verdad, dirían que estoy en estado de shock, con algún trauma o lo que sea, y nadie me tomaría en serio. Quiero contar lo que pasó por Cris, por mí, para dejar esto atrás. Y tiene que ser alguien quien cree en mis palabras, no me toma por loca, drogada o trastornada temporal. Supongo que podemos grabar nuestra conversación, pero si la va a usar alguna vez, por favor, no me nombre a mí o a Cris, no nombre este caso, que ahora está en boca de todos, pero dentro de nada se olvidará …
Le aseguré que jamás usaría nuestra grabación con estos fines, entonces, se relajó y empezó a contar…
III
Cris siempre se ha interesado por lo oculto, lo desconocido. Coleccionaba toda clase de misterios, leyendas urbanas y rituales. Cuando le regalaron una ouija, enseguida quiso organizar una sesión. Me invitó a mí y a dos chicas más. Venimos, pero nos lo tomábamos a risa, así que se enfadó y quiso hacer otra sesión después solo conmigo. Vine tranquila, ocultando mi escepticismo e intentando no reírme para no ofenderla. No recuerdo gran cosa, el puntero se movía bajo nuestros dedos y estoy segura que lo movía la misma Cris, sabiendo que yo tendría mis manos relajadas y obedientes. Al fin y al cabo, aquello solo era un juguete, nunca le di ninguna importancia. Pero Cris se obsesionaba cada vez más con eso de invocar espíritus, hablar con el más allá, averiguar el futuro o explicar el pasado. En fin, era amiga mía, bastante rarita, pero nos lo pasábamos bien y no se lo tenía en cuenta.
Lo último no sé de dónde lo ha sacado, por lo visto, es algo bastante conocido entre los pueblos eslavos. Se trata de un ritual para averiguar quién será tu marido. Ya cuando empezó a contarme en qué consistía, me daba mala espina. Parecía tan tenebroso…
El ritual se realiza a medianoche, con la luna llena, en las fechas señaladas: víspera de Navidad, Semana Santa o la noche de San Juan, que es cuando lo hizo Cris. Debe ser en un edificio no habitado, como es el granero, por ejemplo. La mujer que va a preguntar por su futuro marido antes tenía que ser virgen, pero los tiempos cambian y se quedó en que no debe haber estado casada anteriormente o en una relación duradera.
Cris se preparó a conciencia: se puso un vestido blanco de lino, sin ropa interior, sin cinturón, sin zapatos, pelo suelto y nada de bisutería. No debía llevar nada que simbolizara ataduras, como es un anillo o gomilla de pelo. Colocó en el granero, tal y como se indica, un espejo más grande en el centro y a ambos lados, dos más pequeños. Junto a los espejos, velas de la iglesia, de modo que formaban una especie de pasillo iluminado. De noche, sin luz artificial, con el granero a oscuras solo iluminado por las velas, este reflejo daba sensación de infinidad, de una verdadera pasarela al otro mundo y me entró miedo.
Cris estaba muy acelerada, demasiado emocionada e impaciente. Se sentó de rodillas en frente del espejo grande, yo de lado, de tal manera, que solo ella se reflejaba en aquel pasillo. Cris cerró los ojos y durante varios minutos hemos estado en silencio absoluto.
Di un respingo cuando Cris empezó a hablar.
– Espejito, espejito, ¡tráeme a mi prometido! ¡Que venga ahora y se sienta conmigo!

Esperamos un poco y no pasaba nada. Cris lo repitió dos veces más, elevando la voz y entonces… Entonces, vi en el espejo una silueta blanquecina que empezó a tomar forma y en pocos segundos se podía ver distinguir a un hombre. El hombre empezó a caminar por el pasillo infinito hacia Cris y ella estaba como hechizada, mirándolo fijamente.
Miré a nuestro alrededor, buscando a este hombre en el granero y no vi a nadie. Me entró sudor frío porque en el espejo sí estaba. ¿Qué clase de truco sería ese? Claro que en el espejo no aparece de repente una persona real que ha oído tus palabras y ha decidido reflejarse en él. En realidad, cuando realizas un ritual pretendiendo romper el misterio de tu destino, contactas con unas fuerzas desconocidas y poderosas, fuerzas del otro mundo. Un ente, un demonio, se disfraza de tu supuesto prometido y se presenta ante ti.
Se supone que, al verlo, no debes entrar en pánico, gritar o correr, solo debes tapar el espejo con un paño o una sábana, como cerrar el pasillo. De no cerrarlo, se abre una puerta con nuestro mundo por la que este demonio puede entrar y llevarse consigo a la que lo invocó. Otra opción de romper la conexión con otro mundo, sería soltar un gato cuando aparece “el prometido”. Los gatos siempre se han asociado con toda clase de brujería… Con cruzar el gato ese pasillo de velas, haría que el demonio desapareciera, que volviera a su mundo.
Pero Cris no tenía un gato. Sí preparó una sábana para cubrir el espejo, la tenía al alcance de su mano. Y, sin embargo, se quedó paralizada, no hacía nada, solo miraba. Me puse de pie, no quería pasar delante del espejo, cruzar aquel pasillo, ni una milésima de segundo para coger la sábana. Esperaba que Cris reaccionara, no lo hacía, le grité que tapara el espejo de una vez y salí corriendo…
Me fui directa a casa, muy asustada. No le paraba de dar vueltas a todo lo sucedido y en casa, ya tranquila, llegué a la conclusión que todo ha sido un truco que ha preparado Cris para impresionarme. Igual que con la ouija, solo que a un nivel mucho más alto, más artístico. Quise saber cómo lo ha hecho y empecé a llamarle. No me respondía y supuse que se fue a dormir. A la mañana siguiente, me enteraba de que fue estrangulada…
IV
En los primeros minutos no sabía qué decirle a Sonia. Entendía perfectamente que no quisiese hablar con nadie de lo ocurrido. ¿Cómo cuentas algo así sin que te tomen por loca, piensen que te has drogado o, simplemente, que te los estás inventando todo para llamar la atención? Finalmente le aconsejé hablar con las autoridades contando la verdad, omitiendo parte del reflejo que vio. Que Cris quería realizar un ritual, que se reunieron en el granero, que no ha visto a ninguna persona más allí, que cuando se fue a casa, Cris estaba viva y seguía en el granero…
Le dije que, si resulta que sí hay una persona real culpable del asesinato, seguramente darán con ella. Quién sabe si apreció allí cuando ella, Sonia, se ha ido. Creo que esta idea, que hay un culpable de nuestro mundo real, calmó y hasta animó un poco a Sonia. Me abrazó de nuevo y me prometió que así lo iba a hacer.