Amiga


Hasta pedazos del espejo parece que caen con un sonido como cachondeándose, riéndose de mí.  Mi estúpido reflejo, con esta cara rechoncha marcada por acné al que no le hace efecto nada, estos mini ojos escondidos detrás de gafas culo de botella, pelo finito y grasiento que no hay forma que esté bien, sumado todo a este cuerpo fofo, han provocado que clavara mis puños en el espejo con toda rabia de la que fuera capaz y soltara rugido de un guerrero antes de morir en plena batalla.

Ya está, allí viene mi madre, gritando desde lejos que qué he hecho esta vez. Entra, pega un chillido, llevándose las manos a la cabeza y llama a mi padre:

– ¡Mira lo que ha hecho la cría estúpida!

– ¿Qué ha hecho? – pregunta enfadado mi padre, mientras escucho su pesado caminar por el pasillo.

Entra en la habitación, observa el espejo hecho trizas, se me acerca y me tira al suelo de una bofetada. Sin decir nada, sale.

– A ver si así aprendes, – refunfuña mi madre, saliendo detrás de él.

Mis padres son muy peculiares. No sólo han conseguido hacerme tan mal como pudieron – gorda, fea y estúpida – sino que siempre se están peleando, se odian mutuamente y sólo se ponen de acuerdo cuando se trata de humillar o castigarme a mí.

Sigo en el suelo y noto cómo las lágrimas queman mis mejillas. No quiero llorar, me da igual, supongo que sólo es una reacción normal al dolor.

Cuando me calmo un poco, llamo a mi mejor amiga. Bueno, no es “mejor” amiga, es la única que tengo y es la mejor. Todavía no comprendo cómo llegamos a ser amigas. Ella tan guapa, inteligente, tranquila, de una buena familia y yo…tan yo. Nos conocimos en el insti y ella, no sé por qué, enseguida adoptó este papel protector hacía mí. Ahora que estamos en segundo de bachiller, ha conseguido que me dejaran en paz todos los demás.

Hablamos. Le pregunto si puedo ir esta noche a su casa y me dice que claro.

Cuando llego, me abre la puerta toda contenta:

– Mis padres se han ido al pueblo, pero saben que vienes, les parece bien. Podemos encargar pizza.

Me parece buen plan. Y sus padres me parecen buenos padres.

– Vaya, tienes sangre en las manos, – me dice cuando entro.

– He roto el espejo, – le contesto.

Se va al baño y vuelve con agua oxigenada y algodón.

– Deja que te limpie un poco, – me dice.

Mientras me limpia la sangre, comenta:

– Qué raro, las heridas parece que están secas y la sangre fresca, ¡pero ya está! Vamos a poner una peli y elegir pizza.


Estoy soñando que estoy en mi casa. Mis padres se acaban de dormir, borrachos. Salgo de mi habitación, voy a la cocina, cojo el cuchillo más grande que encuentro y voy a la habitación de ellos…

Me despierto. Todo bien, he acabado con mi pasado y sigo en casa de mi amiga. Ésta es la vida que debería tener: unos padres amorosos, calma, un hogar de verdad…

De repente, lo entiendo todo, se ilumina mi mente con la solución tan sencilla. Me levanto y voy a la habitación de mi amiga. La observo mientras duerme…eso la despierta. Entreabre los ojos, me reconoce y balbucea medio dormida:

– ¿Qué quieres?

– Tú – soy yo, – le contesto, cubriendo su cara con la almohada.


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